El debate sobre la anunciada modificación de la ley de radiodifusión abre la oportunidad para repensar la función de la Universidad más allá de la idea de “extensión universitaria”, señala Tina Gardella en la sección La Ventana, de Página 12.

 LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACION

Universidad y ley

El debate sobre una futura ley de radiodifusión debe contemplar efectivamente la representación de los actores sociales. En este marco la universidad también tiene responsabilidad en la construcción de actores políticos.

Por Tina Gardella *

Si la esperada nueva ley de radiodifusión establecerá tres tipos de prestadores de radiodifusión –la gestión estatal (medios públicos), la gestión privada con fines de lucro (medios privados) y la gestión privada sin fines de lucro (ONG, organizaciones sociales, sindicatos, universidades)–, desde el ámbito académico de la comunicación tenemos una oportunidad para redefinir el compromiso entre universidad y sociedad en términos de lo político y no de la tan mentada “extensión universitaria”.

Los 21 puntos de la Coalición Cívica por la Democracia, los foros, debates, cabildos y radios abiertas que se han sucedido han aportado a la instalación de la incuestionable necesidad de una nueva ley. No sólo por su origen dictatorial y retrógrado o su desactualización tecnológica, sino también porque las formas organizativas y las prácticas sociales son otras y por lo tanto las necesidades políticas también.

Este momento significativo interpela a la universidad. La respuesta podrá tomar diversas formas y texturas, pero no podrá prescindir de la dimensión política manifestada en:

– Lo histórico: en América latina hay experiencias en comunicación en los años ’60 y ’70 con clara definición política. Nuestro propio país, con la conquista de la democracia en el ’83, fue escenario de trabajo intelectual, social y político para lograr una nueva ley de radiodifusión y una nueva producción de sentidos en el campo de la comunicación. Desde Tucumán, baste para reflejar el trabajo en esa época de Incupo (Instituto de Cultura Popular) y su producción de micros radiofónicos Juntos Podemos o los Encuentros de Biblia y Calefón que producía La Crujía y que fueran transmitidos por radios del interior. Históricamente se hizo posible la construcción de otra forma de comunicación.

– Lo social: el escenario de América latina revela experiencias, movimientos y dinámicas sociales que van creciendo. En la reciente Cumbre de los Pueblos celebrada en Tucumán se pudo apreciar el flujo de búsquedas de construcción de ciudadanía que están presentes en las experiencias de desarrollo local, en los intentos de incorporar la cultura con las prácticas políticas, en el tejido de organizaciones no gubernamentales que es consistente y complejo. Socialmente se presentan escenarios de construcción de ciudadanía más consolidados y de búsqueda de prácticas políticas renovadas.

– Lo político: entendido como un proceso altamente dinámico y complejo, lo político se rige según una lógica de cooperación o antagonismos entre voluntades colectivas e incorpora diversas concepciones culturales, expresiones organizativas, esquemas de alianzas y proyectos de acción. Es desde “lo político” desde donde se puede instalar en el espacio público, elementos cuestionadores de las significaciones naturalizadas y colectivamente asumidas como “verdades”. Políticamente se manifiestan expresiones de resistencia cultural, de construcción solidaria y de un proyecto histórico de cambio.

Desde estas dimensiones históricas, sociales y políticas, la universidad y nuestras prácticas académicas de comunicación deben trabajar con el sector que estará contemplado en la nueva ley de radiodifusión como “gestión privada sin fines de lucro”. No se trata de proyectos “alternativos” de carácter instrumental. Se trata de trabajar en la producción de sentidos como nuevos modos de conquistar espacio público y de crearlo. Ante nuevos escenarios de confrontación y pugnas por el sentido de los “significantes vacíos” como diría Laclau (por ej. democracia y justicia), lo político no puede ser menos que la capacidad colectiva de pensar un proyecto que se sostenga en el tiempo. La universidad y su capacidad de articuladora e interpeladora de la realidad tiene un desafío que va más allá de ser propulsora del pensamiento crítico: garantizar que cada actor social sea un actor político. Es decir, construir poder. Las prácticas comunicacionales académicas deben estar para la producción y circulación real de significados, de símbolos, que en lo posible lleguen a mucha gente y que le permita interactuar, sin quedar presos de la cotidianidad, en la construcción de sus sueños colectivos más profundos.

* Licenciada en Comunicación Social. Docente de la Universidad Nacional de Tucumán.

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