Nota publicada en Critica sobre los sistemas de rastreo comercializados por las empresas de telefonía móvil, con columna de opinión de Martín Becerra.

polémico servicio de localización

Celular, no seas botón

Cómo funciona el sistema que permite rastrear personas. ¿Intromisión en la vida privada?

13.07.2008

Los maridos celosos, las madres angustiadas por sus hijos adolescentes, las novias que sospechan de sus parejas o los hijos que quieren saber dónde están sus padres mayores o enfermos pueden temblar de miedo –o suspirar aliviados– con el nuevo servicio que ofrece la empresa de telefonía celular Movistar: un sistema que permite detectar en qué dirección exacta se encuentra la persona buscada, siempre y cuando sea también cliente de la companía. La técnica, hasta ahora utilizada para la investigación criminal, llegó ahora a los teléfonos de amigos, familias, matrimonios o parejas, y promete generar polémica.

Para Martín Becerra, especialista en Ciencias de la Comunicación, “cada vez más vivimos en una sociedad de la vigilancia, donde existen más instrumentos de delación, que revelan en términos literales dónde estás y qué hace cada uno de los usuarios cuando utilizamos las nuevas tecnologías de la información”.

La titular del Centro de Educación al Consumidor (CEC), Susana Andrada, se mostró sorprendida por el servicio y opinó que el sistema propone “una intromisión en la vida privada de las personas”.

Bajo control. “Con el servicio de localización, encontrá el Movistar que buscás”, anuncia la publicidad de la telefónica. Se trata de una prestación que la compañía lanzó en una primera etapa para la comunicación interna de empresas, destinada a la localización inmediata entre jefes y empleados, que ahora se extendió a la red masiva de usuarios. “Funciona a partir del sistema por celdas, donde las antenas toman el móvil e indican en qué lugar se encuentra el usuario”, explicó el gerente de Desarrollo y Nuevos Productos de Movistar, Gustavo Mutz. El servicio tiene un costo total de un peso, debitado de la cuenta del usuario que requiere la localización: 0,50 centavos cuando se envía el mensaje de texto para solicitar el rastreo, y otros 0,50 cuando el sistema localiza a la persona.

“Durante el feriado del 9 de julio me llegó un mensaje de texto a mi celular que promocionaba un servicio de localización de personas: prometía que por un peso te decían en qué lugar se encontraba la persona con el número de celular que vos marcabas”, contó sorprendida Marisa Vega, que vive en Parque Chacabuco y es arquitecta. “Me parece una barbaridad que exista algo así. No es el caso pero si lo fuera, mi marido Eduardo, que compró tres líneas de teléfono para la familia, ahora podría rastrear en qué rincón de la ciudad me encuentro yo o mi hijo Lautaro”, dijo.

Para poner en funcionamiento el sistema y encontrar a una persona requerida en la dirección exacta donde se encuentra, hay que empezar por enviar un mensaje de texto al 36633 –dígitos correspondientes a la palabra “dónde”– con el número del celular que se quiere ubicar.

Al recibir el pedido de la localización, el sistema solicita la autorización del usuario requerido con otro mensaje y le da cuatro opciones: 1, para autorizar el pedido de rastreo; 2, para cancelarlo; 3 para autorizarlo siempre; y 4 para negar esa información. Si la persona marca la opción 1, unos segundos después el sistema le indicará el celular del usuario que quiere ubicarlo. Finalmente, quien requirió la localización recibirá las coordenadas de la persona buscada: “El móvil X está en un radio de 0,19 kilómetros, desde Ingeniero Butty 240, Ciudad de Buenos Aires”, dirá por ejemplo el mensaje de texto. En caso de no haber respuestas de localización, recibirá en cambio el siguiente mensaje: “No recibimos respuesta al pedido de autorización para localizar el móvil X. Es posible que el móvil esté ocupado en una llamada”.

“El servicio permite también saber dónde se encuentra otro teléfono celular mediante una red de listas ‘blancas’ y ‘negras’: esto quiere decir que los clientes pueden autorizar de antemano a otros usuarios para que los localicen siempre o bloquear en forma permanente la localización desde esos móviles. En ese sentido, es único: no existe un servicio así en otros países, porque la mayoría de los sistemas de localización te registran mediante un sistema cerrado; entonces uno sólo puede localizar a otras personas que ya estén registradas”, explicó el gerente de la empresa de telefonía celular. Para Mutz, el servicio no viola el derecho a la intimidad de las personas: “En este caso, cualquier teléfono puede localizar a otros móviles que no estén registrados y nunca lo hace sin que el otro le dé antes su permiso para ser localizado. Por eso puede ser usado por cualquier persona, siempre que conozca el número de quien quiere localizar y el otro le dé su conformidad.”

Mutz señaló que “el sistema tiene un tráfico relativamente normal, pero todavía no hicimos ningún estudio de mercado para comprobar quiénes lo utilizan ni para qué”.

opinión

No está bueno: diluye la autonomía

Martín Becerra – 13.07.2008

Las relaciones sociales, los vínculos laborales o amorosos nunca son simétricos: eso ocurre sólo en una sociedad ideal. Por lo tanto, la disposición de recursos de control en esas relaciones no logrará que éstas sean más equitativas, horizontales o igualitarias. En todo caso, acrecentará las asimetrías, porque uno siempre tendrá un mayor control sobre otro. Esa situación diluye bastante el ejercicio de la libertad de movimiento.

En el caso de las relaciones precarizadas, la utilización de un dispositivo que potencie asimetrías que ya se producen de por sí, incrementa la precariedad en lugar de corregirla. Me pregunto qué tan autónomo puede ser un usuario a la hora de negarse a aceptar la localización por parte de un empleador, un cónyuge, un padre o de un amigo.

Por eso también asocio este dispositivo con una discusión que está ocurriendo en estos momentos en el Parlamento Europeo y que trata sobre la autorización para que los dueños de las redes puedan espiar el contenido de la comunicación de sus usuarios. En ese caso, de aprobarse esa resolución, un proveedor de banda ancha podrá espiar lo que uno hace con su conexión a la red y si estás bajando música, por ejemplo, estará facultado para delatarte.

Lo ilógico es que, en su origen, estas tecnologías despertaron tantas utopías libertarias y autonomistas, y ahora los márgenes de autonomía se acotan en lugar de ampliarse. Por eso, que un sistema que originalmente tenía una utilidad vinculada al espionaje, se masifique y se extienda como uso social en términos de una mejor convivencia, no está bueno.

* Doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes-CONICET.