Nota de Juan M. Bordón en Clarín sobre la política de las editoriales al volver a publicar libros.

CRITERIOS PARA VOLVER A PUBLICAR UN TEXTO

Las reediciones buscan dar un valor agregado a los libros

Con nuevos prólogos o notas de estudiosos se da una mirada actual a los textos ya editados.

Por: Juan Manuel Bordón

El mundo de las reediciones literarias ha dado cabida a los más altos y bajos impulsos del ánima editorial. Se han visto desde páginas adornadas con pan de oro a viles reediciones de clásicos en las que faltan páginas, sobran erratas y las traducciones rozan la mala fe. Hoy, buena parte de las editoriales buscan la distinción por medios menos extremos: prólogos de autores prestigiosos, traducciones célebres o alguna marca que distinga una edición –y a una editorial– en particular.

Un caso emblemático es la reedición del 40 aniversario de Cien años de soledad, con 50 mil ejemplares vendidos desde su lanzamiento, en abril de 2007. “Se trato de una coedición que llevamos a cabo con la Real Academia Española. Además de presentaciones de la obra y prólogos, esta edición llevaba un árbol genealógico de los Buendía. Siempre tratamos de que las reediciones tengan un plus, un valor agregado. En cuanto a los criterios de selección de obras para reeditar, los factores son varios: puede haber una búsqueda sistemática, pero a veces se detecta una ausencia importante de un modo casual y la elección tiene que ver con la nostalgia de ciertas lecturas, de libros que hemos leído con mucho provecho en el pasado y que nos parece que conservan su vitalidad”, dice Julia Saltzmann, una de las responsables de los sellos Alfaguara y Taurus en la Argentina.

No hay duda de que existen autores que son carne de reedición: Poe o Kafka, por ejemplo, repiten en el catálogo de decenas de sellos. Sin embargo, los editores insisten en que no hay apuestas seguras. “Editar siempre es correr riesgos. Sería un error pensar que reeditar Moby Dick es más seguro que editar la última novela de Philip Roth. El concepto de novedad no necesariamente es sinónimo de ventas. El concepto de clásico, tampoco”, explica Pablo Avelluto, de Random House Mondadori. Avelluto asegura que en general reeditan libros que no están en dominio público: eso sí, aveces se inclinan por traducciones célebres de un clásico, como la que hizo Julio Cortázar de Robinson Crusoe. “En general, no nos volcamos por los libros de dominio público. Existen innumerables ediciones de El Arcipreste de Hita o de El Conde Lucanor… ¿qué podría agregar una nueva edición en uno de estos casos? Cuando sí publicamos clásicos, incorporamos prólogos o notas de autores contemporáneos consagrados que permitan una puesta al día del texto, de su relevancia”.

Buena parte del catálogo de Clásicos Losada se compone de autores y obras de reedición asegurada: García Lorca, Neruda, Shakespeare, Arlt, Quiroga, Poe o Kafka. “Nuestro criterio de selección es la excelencia de los autores, traductores y prologuistas y la demanda que percibimos en los programas de estudio”, explica Miguel de la Torre. En materia de reediciones, Losada apuesta fuerte por lo que se pide en los colegios y universidades. Por eso, muchas están a cargo de equipos académicos. “Hemos hecho un trabajo muy interesante con las obras de Shakespeare. Pablo Ingberg, licenciado en Letras de la UBA, reunió a un grupo de expertos traductores como Delia Pasini y Cristina Piña y anotaron y tradujeron muchas de sus obras”.

En busca de ganchos para un lector potencial, la editorial Claridad innova con nombres familiares: en su catálogo figuran Arthur Conan Doyle, Mark Twain, Saki o Poe, pero la idea es lanzar sus obras menos conocidas, en especial aquellas que no se habían traducido al español. “Todo empezó con Poe, teníamos unas Obras completas del viejo fondo de Claridad, pero descubrimos que no eran completas. Faltaban textos de miscelánea y ensayos por ejemplo; la edición que salía en un tomo ahora sale en ocho, divididos por temas. También lo hicimos con Conan Doyle, del que publicamos todos los cuentos, no sólo los de Sherlock Holmes. El que saques libros de dominio público no significa que no arriesgues. Para un editor el riesgo es el mismo: traducción, composición, armado, pagar papel, imprenta”, cuenta su directora, Ana Cabanellas.

Como se ve, las recetas en materia de reedición parecen casi infinitas. Eso sí, todos coinciden en que, por encima de cualquier estrategia, lo esencial sigue siendo tener un buen texto.