Segunda entrega de un informe de Damián Glanz en Crítica sobre las disputas en ámbitos del poder ante el anuncio de la propuesta de modificación de la ley de radiodifusión, esta vez enfocando la cuestión digital.

LEY DE RADIODIFUSIÓN (2ª entrega): la batalla digital SE PONE FIERA

Y ahora, la guerra de los lobbystas

Por si no alcanzaba con los intereses al acecho de los grandes holdings, la nueva normativa deberá prever el ingreso argentino al mundo/negocio de la TV digital, que permitirá ampliar la cantidad de emisores y programas, más un salto en la calidad de imagen y sonido. Los emisarios de las grandes potencias y sus empresas pisan fuerte ofreciendo marca, precio y calidad. Por el despacho de Julio De Vido ya pasaron unos cuantos. Un juego de póker global que va de Olivos a Clarín, Washington, Tokio, un consorcio europeo, el rey de España y siguen las firmas.

Damián Glanz – Central / Edición Impresa

-Me imagino, señor viceministro, que la calidad de la tecnología que usted me está presentando es superior. Pero sabrá entender que acá no elegiremos por la calidad, sino por el factor económico. ¿Comprende?

La intérprete tradujo sin pausas, y el viceministro de Asuntos Internos y de Comunicaciones de Japón, Hideo Shimizu, comprendió que dos horas de explicaciones técnicas sobre las bondades del modelo de televisión digital que quería venderle a la Argentina no serían suficientes para alterar la opinión del ministro de Planificación argentino, Julio De Vido.

“Comprende”, hizo traducir Shimizu y abandonó el quinto piso de Yrigoyen 250 con la certeza de que su viaje a la Argentina no le rendiría los frutos que quiso cosechar.

El funcionario extranjero lo sabía desde antes de entrar a aquella oficina. No era el único enviado por las grandes potencias a ofrecer el estándar de televisión digital que deberá introducirse en los próximos años para dar el salto tecnológico que le permitirá a la Argentina ingresar al mundo de la TV de alta definición y que abrirá un nuevo abanico de negocios millonarios en el mundo de las telecomunicaciones. Antes que Shimizu, ya habían pasado por el despacho de De Vido representantes de las corporaciones europeas y estadounidenses que también quieren empujar a que el gobierno local escoja su propia tecnología.

En la Argentina, la guerra del estándar tecnológico lleva más de diez años. Y tiene como protagonistas a los grandes grupos de medios locales, a las embajadas de los países interesados en exportar sus productos y a un amplio club de lobbystas que deambula por oficinas ejecutivas y parlamentarias.

Pero ¿qué es la televisión digital?

¡ALUMNOS, SILENCIO! Clase de radiodifusión básica. Las señales de radio y TV abiertas viajan por el aire a través de ondas electromagnéticas que son decodificadas por los receptores –aquellos aparatos que llamamos “la radio” y “la tele”– que cada cual tiene ubicados en sus casas. Los canales de aire de la Argentina, en la actualidad analógicos, utilizan una porción de 162 Megahertz del espectro electromagnético que va de los 54 hasta los 216 MHz. Ese rango de VHF (alta frecuencia) está dividido en 60 canales de 6 MHz cada uno. La tecnología analógica permite utilizar sólo algunas porciones de ese ancho de banda, ya que las señales adyacentes deben quedar vacías para evitar interferencias. Por caso, en ese rango hay cinco señales de aire en el área metropolitana: América 2, Canal 7, Canal 9, Telefe y Canal 13.

Además del espectro VHF, también se pueden emitir señales de aire, gratuitas, en el espacio de UHF (muy alta frecuencia) que va de los 512 a los 608 MHz. Ese rango permite albergar 48 canales adicionales.

La digitalización de la TV, la nueva era tecnológica, permitirá ampliar la cantidad de programas que se emiten en simultáneo e implicará un salto en la calidad de la imagen y el sonido. En cada canal de 6 MHz, por donde hoy se transmite una única señal, podrá haber hasta cinco o seis programas simultáneos. La cantidad dependerá de la resolución. Si la imagen es de 640 x 480 píxeles, podrá haber hasta seis canales en una misma frecuencia. En cambio, si los programas son emitidos en HDTV (televisión de alta definición), que supone una imagen de 1.920 x 1.080 píxeles, sólo podrá haber un único programa, en formato panorámico, y de muy alta calidad.

Pero no todo es así de sencillo. No existe un único estándar para emitir y recibir programas digitales. Hay tres modelos: el estadounidense (ATSC), el europeo (DVB-T) y el japonés (ISDB-T). La elección de uno desplaza a los otros dos y abre las puertas a que se establezcan nuevos y amplios vínculos comerciales con los países impulsores de cada sistema. Y no hay lugar para todos: el negocio es para uno solo. Suena el timbre. Recreo.

DIPLOMACIA DIGITAL. En 1997, el entonces presidente Carlos Menem creó una comisión que debía recomendar el estándar que debía adoptarse en la Argentina. En pocos meses llegó a una conclusión y Menem lo hizo: dictaminó a favor del modelo de los Estados Unidos. Con la definición, Canal 11 y Canal 13 comenzaron a invertir en esa tecnología y hacer señales de prueba. Pero aquel decreto no incluyó un cronograma preciso que terminara en el “apagón analógico”, el modo en que mundialmente se conoce al día en que un país sustituye la generación tecnológica. Y el cambio quedó en la nada.

En el otoño de 2006, Néstor Kirchner decidió rever la decisión de Menem y creó su propia comisión evaluadora, en manos de De Vido. El equipo tenía 15 días para dictaminar. No lo hizo, aunque estuvo cerca. Hacia fines de 2006, el comité ya tenía redactada una resolución que favorecía a la tecnología europea. “Pero llegó el nuevo embajador de Estados Unidos (Earl Antony Wayne) y la comisión dejó de reunirse”, reveló a Crítica de la Argentina uno de los técnicos que integraba aquel equipo.

Fue un respiro para muchos. En especial para el Grupo Clarín. El representante en el país del estándar estadounidense es el ex gerente corporativo de Tecnologías Audiovisuales del holding, Juan Carlos Guidobono. Es la cara visible del club de empresas que pelea por la versión ATSC. Detrás suyo hay grandes corporaciones: LG-Zenith, Harris Corporation, Dolby Laboratories, Samsung, Daewoo, Hitachi, Sharp, JVC y el Grupo América.

“Pero no somos nada. Del otro lado, el lobby lo hace el rey de España”, se lamentaba por esos días uno de los directivos de Clarín ante los miembros de la comisión. “Del otro lado” está el modelo europeo, auspiciado en la Argentina por Telecom, el consorcio Telefónica-Telefé, Siemens, Nokia, Philips y DMT.

Rezagados en la carrera están los japoneses, que en la Argentina no cuentan con un aliado empresarial estratégico. Pero no están solos: NEC (con varios contratos oficiales y especial llegada al ministro de Justicia, Aníbal Fernández), Sanyo y Sony trabajan para ellos y la Embajada de Brasil. El país vecino eligió el modelo japonés y lo adaptó a sus necesidades. Ahora quiere facturar con su tecnología en el Mercosur.

BAZAR PARLAMENTARIO. La pelea es compleja y no se limita a la TV por aire. La digitalización abre las puertas a grandes negocios: la venta de televisores con una u otra tecnología, receptores y decodificadores, equipamiento para estudios de TV, programas enlatados, televisión móvil para celulares, servicios de TV digital por aire codificada que competirá con los cableoperadores, tecnología militar.

La guerra es económica. Hace pocas semanas en Estados Unidos se subastaron 62 MHz del espectro de la banda de UHF que se utilizará después del “apagón analógico” para las licencias de TV móvil. El gobierno de George W. Bush las otorgó en más de 20 mil millones de dólares. Nadie paga semejante suma si no cree que hará importantes negocios. En la Argentina el caso es muy distinto: esa frecuencia fue asignada sin licitación y sin que medie un solo peso.

¿Qué estándar conviene? La respuesta no es definitiva. “La selección de la tecnología tiene que responder al proyecto de televisión que se quiera tener. Ése es el punto de partida. La decisión de Estado tiene que pasar por el factor social que representa la TV”, argumenta el ingeniero Luis Valle, uno de los mayores especialistas en el país.

La TV se enciende y los senadores miran como si estuviesen en un bazar. Los representantes de los tres modelos hablan de las virtudes incomparables de la tecnología que ofrecen. El Senado se convierte en un shopping. El lobby es público, como el resultado. El jueves pasado, en medio de la guerra que lanzó el Gobierno contra Clarín, el senador jujeño Guillermo Jenefes llevó a los especialistas a exponer ante la Comisión de Medios de Comunicación. Había recibido la instrucción de la Casa Rosada.

Durante unos días, en la web del Senado, se expusieron los modelos. Sólo dos, el europeo y el americano. La presentación fue llamativa: “Sistema DVB (europeo), principal”.

La decisión está en manos de De Vido. Hasta que una nueva revolución tecnológica vuelva a alterar al mundo, su elección le garantizará multimillonarios negocios a unos y dejará de lado a otros.

Como si esto fuera poco

El mundo de las telecomunicaciones digitales abre camino a múltiples negocios. Uno de ellos es el de la televisión móvil: la tele en el celular.

Con programación adaptada al escaso tiempo de exposición que se supone tendrán los “televidentes celulares”, la nueva tecnología inventará un nuevo modo de hacer zapping. Pero el negocio no es para todos: una vez más, el aspirante a dueño del negocio dependerá del estándar tecnológico que se emplee (estadounidense ATCS, europeo DVB o japonés ISDB-T).

Las telefónicas locales, aliadas con los fabricantes de celulares europeos, quieren hacerse del combo. Si eso ocurre, las corporaciones extra comunitarias deberán pagarle royalties a los propietarios de la tecnología DBV o bien resignar los mercados ajenos. Por ejemplo, un celular fabricado en Japón no podrá recibir señal de TV abierta en España, a menos que incorpore la tecnología europea.
La tecnología digital también permite que en las redes alámbricas se distribuya telefonía, internet y TV en simultáneo: Triple Play.

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