Artículo sobre las nuevas tecnologías en las escuelas argentinas publicado en La Nación, con nota de opinión de Martín Becerra.

El correlato de un país con varias fracturas

Por Martín Becerra – Para LA NACION
Domingo 20 de enero de 2008 | Publicado en la Edición impresa

Correlato de un país con múltiples fracturas, la estadística educativa confirma las brechas de un sistema que alberga escuelas opulentas e intensivas usuarias de tecnologías de la información y otras sin los recursos elementales para dar clases. En ese contexto, la malograda promesa de dotar a cada alumno de una laptop revela los límites del mito tecnológico: aquellas fracturas no pueden salvarse mediante espasmos voluntaristas, aunque apelen al sacro grial informático.

Pero sería errado responder a la mitificación tecnologista con una folklórica apología de la enseñanza tradicional. Se omitiría que la escuela es tecnología desde su misma creación. Como tecnología organizacional, es decir, como peculiar disposición de personas y recursos, la escuela ha convivido con la adopción de nuevas herramientas, adaptándose a nuevos tiempos.

Ello fue fruto de tensiones y laboriosos acuerdos entre sus varios actores.La forma de dar clases; la apoyatura en textos (sus contenidos y diseños); la organización de aulas y pasillos; la distribución de los pupitres y el pizarrón; la utilización de lapiceras, biromes o calculadoras; el formato de los cuadernos; los mapas y los soportes, como transparencias, películas o música, y el estilo de comunicación con los padres manifiestan la naturaleza tecnológica de la escuela como institución.La computadora no es una tecnología más: la PC no es sólo un aparato, sino también una forma novedosa de procesar la escritura y la lectura, una red de contenidos variopintos y un medio de comunicación virtual. Además, la convergencia de la informática con el audiovisual, las telecomunicaciones y la gráfica provocó que estas redes masivas utilicen indistintamente el contenido que circula por ellas. Gran parte de los procesos de información y comunicación social son intermediados por estas tecnologías, que los posibilitan y los condicionan.En la escuela se crean capacidades, se forjan conocimientos, se estimula la exploración lógica y, sobre todo, se aprende a reconocer a otras personas y a convivir con ellas.

La escuela no debería prescindir de ningún recurso que colabore con esas tareas complejas y formidables. El Estado, a su vez, no debería desentenderse de las múltiples formas de acceso y uso de las redes convergentes en el espacio escolar.Parafraseando a Beatriz Sarlo, una escuela donde los chicos leyeran cinco libros por año prepararía mejor que otra con PC y sin docentes que orienten el aprendizaje, como remedo de los cíber. ¿Libros sí y computadoras no? La realidad demuestra que la dicotomía es falsa. Las escuelas que poseen más computadoras y trabajan didácticamente con ellas son las que tienen bibliotecas más robustas y mejores instalaciones.

El autor es docente de la Universidad Nacional de Quilmes e investigador del Conicet.