Las campañas electorales superpuestas y sucesivas en la Argentina de 2011 fueron analizadas por Martín Becerra en entrevista con Víctor Hugo Morales en el envío televisivo Bajada de Línea (Canal 9). El tema motivó también a la Revista Caras & Caretas a dedicar el número de julio al tema. Martín Becerra publicó allí el siguiente artículo: “La sociedad es un blanco móvil”. Se incluye también la síntesis del programa Bajada de Línea del 7 de agosto y un artículo de Emanuel Respighi en Página 12 el día de la elección (“Para el votante que lo mira por TV”) y una columna de Becerra en la misma edición. Conocidos los resultados en los que la fórmula gubernamental (CFK-Amado Boudou) obtuvo más del 50% de los votos, Washington Uranga publicó una columna en Página 12 en la que señala que “si algo ha quedado claro es que los medios y sus analistas no deciden el voto de los ciudadanos. Es un dato sumamente alentador para la democracia”. En Quipu coincidimos con el postulado gneeral de que los medios no deciden el comportamiento electoral mecánicamente… pero aunque el contraste en esta elección entre resultado y discurso mediático predominante sea tan enorme, no habría que desechar la hipótesis de su condicionamiento sin al menos tomar en cuenta las siguientes variables: a) el cambio radical que implicó la “secularización” del debate sobre los medios y sobre su “maculada concepción” (relaciones de propiedad, financiamiento, reglas de juego); b) el peso de determinadas coyunturas históricas que son más impermeables a la influencia del “orden del decir” que otras circunstancias en las que los condicionamientos de los medios son, ciertamente, mayores; c) la eficaz labor comunicacional-propagandística del gobierno a través de una inédita articulación del uso oficial de los medios estatales + el apoyo a medios privados que no disputan grandes audiencias pero cohesionan un contradiscurso (o discurso contramediático)… desde un dispositivo que ¡en sí mismo es mediático!

LA SOCIEDAD ES UN BLANCO MÓVIL

Revista Caras&Caretas, julio de 2011
– Por Martín Becerra (Universidad Nacional de Quilmes – Conicet)

En “Verdaderos y falsos performativos”, Eliseo Verón analiza la tradicional oposición entre el orden del decir y el orden del hacer (o las palabras y las cosas), para demostrar que la eficacia de estos dos órdenes debe ser evaluada a la luz de sus diferentes propuestas de producción de sentido. Para Verón el hacer es un orden supeditado a la eficacia de los resultados, mientras que el decir evidencia, en varias de sus manifestaciones posibles, cierta autonomía con relación al resultado.

Las campañas electorales pertenecen, simultáneamente, al orden del decir y al del hacer. No hay una  regla de carácter universal que indique cuánto influye la campaña entre los votantes y su criterio de eficacia es variable. El peso de la historia en la que se inscribe cada campaña  es tan significativo que relativiza muchas de las aserciones que, con suficiencia, realizan asesores de imagen y de discurso.

La receta que funcionó bien en una elección (por caso, demoler al adversario) puede fracasar en la siguiente, aún cuando la contienda esté protagonizada por los mismos candidatos que la anterior. Si los candidatos no cambiaron sustancialmente, si el ámbito electoral es el mismo, y si los argumentos de cada uno conservan la misma orientación, ¿qué es lo que produce cambios en el resultado de la campaña? La respuesta es que la sociedad nunca es igual. Es la sociedad la que cambia, convirtiéndose así en un blanco móvil que desafía la capacidad de interpretación de las mutaciones que atraviesan los distintos actores y clases sociales.

La campaña electoral crea clima y puede erosionar al adversario. Pero no gana la elección sin la colaboración de historia del candidato, de sus oponentes y del contexto histórico en que ocurre. Una mejor campaña electoral no podría haberle hecho ganar las elecciones a Italo Luder en 1983 por el peso del desenlace dictatorial con una autoamnistía apoyada por el candidato del PJ, por ejemplo.

La elección, vista en términos técnicos como un termómetro de legitimidad de las opciones políticas y de popularidad de los candidatos, es percibida por los electores como una oportunidad peculiar para comunicarse con el estamento político profesional. La sociedad no es un actor pasivo en la campaña, sino que expresa apoyos y quejas. Esa expresión de la sociedad no es siempre consciente, es decir que los ciudadanos no manifiestan de modo explícito su estado de ánimo, pero al ser interpelados por un candidato que logra catalizar su significado, establecen una comunicación que puede materializarse como voto.

Para incorporar de modo creíble, no impostado, la mayor cantidad de significados que la sociedad elabora, se precisan recursos. Sin caer en determinismos, el crecimiento exponencial del presupuesto volcado a las campañas es un indicio acerca de su impacto. Así, la cantidad de recursos que moviliza una campaña electoral apuntala su eficacia, sobre todo porque los empresarios que invierten en ellas (los grandes financiadores de campañas apuestan en simultáneo a varios candidatos) obviamente destinan mayores recursos a quienes tienen más chances de ser electos.

BAJADA DE LÍNEA

Participación de Martín Becerra en “Bajada de Línea”, de Víctor Hugo Morales, en Canal 9 de Buenos Aires, el 7/8/2011

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